El
estrés es
una respuesta automática del organismo
ante cualquier cambio externo o interno,
mediante la cual se prepara para hacer frente
a las posibles demandas que se generan como
consecuencia de la nueva situación.
El estrés no es malo en si mismo ya que
facilita el disponer de recursos para enfrentarse
a situaciones que se suponen excepcionales;
esto implica un desgaste importante para el
organismo.
Nuestra sociedad actual convive con un cierto
grado de excitación o nerviosismo tanto en la
vida familiar como en el mundo laboral. El estrés
parece que forma parte de la vida misma, sobre
todo, si tienes responsabilidad laboral y/o
social.
Si el estrés es episódico no habrá
problemas, pues el organismo tiene capacidad
para recuperarse, pero si los episodios se repiten
con frecuencia, pueden aparecer trastornos psicofisiológicos.
En
una situación de estrés se producen cambios
en el cuerpo:
El
cerebro envía señales químicas que activan
la secreción de hormonas y éstas inician una
reacción en cadena en el organismo:
•
el
corazón late más rápido
•
la
presión arterial sube
•
el
nivel de insulina aumenta.
Estas
reacciones pueden ayudarte en situaciones
de cambio o peligro y a corto plazo no son
dañinas. Pero si la situación
persiste, la fatiga resultante es nociva para
la salud.
El
estrés afecta órganos y funciones de todo
el organismo. Los síntomas más comunes son:
•
depresión
•
insomnio
•
dolor
de cabeza y/o espalda
•
disfunción
sexual
•
palpitaciones
•
problemas
gastrointestinales
•
aumento
o disminución de peso
•
No
preocuparse por las cosas que no se pueden
controlar
•
Prepararse
con antelación cómo hacer frente
a las
situaciones que pueden ocasionar estrés.
•
Pedir
ayuda a familiares o amigos.
•
Fijar
unas metas realistas.
•
Hacer
ejercicio ya que es una
buena forma de aliviar la
tensión.
•
Meditar.
•
Tratar
de ver los cambios
como un reto positivo y no
como una amenaza.